martes, 11 de julio de 2017

EHUNMILAK (168 km 11000 D+)

Todo empezó a principios de este año. Unos cuantos amigos nos habíamos apuntado al "Ultra Trail Mont Blanc" (171 km 10000 D+)  pero la mala fortuna nos acompañó, no salimos elegidos en el sorteo. La planificación del año se había desquebrajado así que había que volver a darle forma. La manera más sencilla era tirar de refranero español: un clavo saca otro clavo. Así que acabamos inscribiéndonos al "Ultra Trail Ehunmilak" (168 km 11000 D+).

Como ya podéis imaginar, una carrera de estas características lleva una preparación brutal. Por mi parte, en el tema de los entrenamientos estaba muy satisfecho, metiendo muchas horas y tiradas largas, aunque bien es cierto que había podido hacer más desnivel. El tema que me preocupaba eran mis problemas de estomago. De ahí que recurriera a una nutricionista y los resultados estaban siendo espectaculares.

Por todas estas razones, llegaba a la carrera lleno de confianza y con la sensación de haber echo los deberes. ¿Miedo? Si, mucho. ¿Respeto? Todo el del mundo pero con la sensación de que estaba preparado para afrontar y completar esta hazaña.

La carrera tiene su principio y final en la localidad guipuzcoana de Beasáin. Llegué el viernes por la mañana y ya se respiraba en sus calles ambiente festivo. Todo muy bien organizado, desde la señalización para llegar al aparcamiento habilitado para los participantes, la zona de recogida de dorsales y la abundante comida pre-carrera. ¡Esto pinta muy bien!

En la meta nos plantamos Gorka, compañero de ANDANDAEH, Paul, Pinilla, Jotse, Victor y Medina de Trail Running Zaragoza, Patxi de Corredores del Ebro y un servidor. La temperatura era muy alta pero nos esperaban predicciones de alerta amarilla en lluvias. En tantas horas de carrera teníamos que estar mentalizados para enfrentarnos a cualquier situación.


Instantes antes de la salida

La salida que se llevaba a cabo a las 18:00 fue rapidísima. Parecía que era una 10k. Toda la gente salió muy fuerte y yo seguí la estela de Victor, Jotse y Medina que corrían en la modalidad de equipos. Los primeros kilómetros en continua subida los hicimos corriendo hasta entrar ya en el sendero que nos dirigía hacia el monte. Aquí la gente empezó a andar y menos mal. El primer sofocón y el calor provocaba que estuviera sudando la gota gorda. Imprescindible la hidratación en esta zona.

Poco a poco y sin quererlo me fui distanciando de mis compañeros. Mis piernas funcionaban a la perfección y no iba a ser yo el que les dijera que pararan. Mientras duraron las horas de sol todo fue perfecto. Los avituallamientos estaban ubicados cada 10 kilómetros aproximadamente. En el tercero de ellos (Gorlako Gaina) se nos echó la noche encima. Tocaba ponerse el frontal, nos quedaban por delante 8 horas de oscuridad y la lluvia aún por aparecer.

En cuanto la noche se cerró y nos adentramos en los bosques la niebla hizo acto de presencia. Con la humedad que provocaba, hacia casi imposible la visibilidad. La luz del foco aún lo dificultaba más. No se veía más allá de 2 metros. Era muy difícil correr, tenías que estar muy atento al suelo para no tropezar pero a la vez mirar al frente en busca de las balizas, cualquier despiste podía provocar la caída o perderte. Para rematar la situación, ahí estaba ella, apareciendo cuando menos lo deseas: la lluvia. Me enfundé el chubasquero y a seguir con la odisea.

Fue una noche realmente bizarra. Constantemente me preguntaba si de verdad la gente ajena a estas carreras (Pensaba en familiares y amigos) es capaz de imaginarse por lo que pasamos. Yo creo que no. Ni explicándolo con el más mínimo detalle, es imposible hacerse una idea.

El momento más surrealista que viví fue bien adentrada la noche. Llevaba ya muchas horas en solitario cuando escuche un ruido, me giré y en la lejanía me estaban observando 2 ojos amarillos fijamente. Al momento otro ruido y.....por los menos 12 ojos me acechaban, únicamente se veía eso. Lo primero que pensé fue ¡LOBOS! ¡Voy a morir! y salí corriendo ladera abajo. Al minuto me topé con una valla y al otro lado había vacas durmiendo. Iluso de mi. Esto es el resultado de falta de sueño, soledad y mucha imaginación.

Lo que si quiero resaltar es la generosidad del pueblo vasco. Aquí hay una afición por el trail-running incomparable con el resto de comunidades. En mitad de la noche y bajo la lluvia te podías encontrar aficionados en cualquier lado. Desde familias a la puerta de su caserío ofreciéndote refrescos y flan casero hasta cuadrillas de amigos en una borda amenizando tu esfuerzo con música revitalizadora.

Una de las partes más complicadas de la carrera es la bajada a Azpeitia. Se lleva a cabo por una vieja calzada romana. La lluvia, el barro que se había formado y las resbaladizas rocas hacían muy difícil la progresión. Por momentos me sentía Pepe Viyuela, estaba más en el suelo que de pie. Muestra de ello, mis manos que llegaron al avituallamiento completamente marrones. Eso si, mis caídas fueron más cómicas que peligrosas. No tuvo esa suerte mi compañero Paul, que se hizo un esguince de tobillo y tuvo que retirarse. ¡Ánimo amigo! Ya tienes un nuevo reto para 2018.

A la salida de Azpeitia hay una subida importante. Lo ideal es alimentarse bien porque se hace larga la subida. Recuerda ir comiendo cada media hora y beber cada 15 minutos aunque no tengas sed, así aguantarás mucho mejor. Aunque sea de noche y no te apetezca tanto, no descuides este apartado, es fundamental.

En Tolosa (77 km) estaba la bolsa de vida. La bajada a esta localidad no es tan técnica. Lo que si tienes que saber es que una vez entras en el pueblo, tienes que cruzarlo completamente. Tendrás que hacer 2 kilómetros por sus calles. Te aviso para que no desesperes.

Llegué después de pasadas 13 horas. Había planificado una hora menos pero las condiciones nocturnas me habían retrasado. Lo primero que hice fue ir directo a la ducha. Necesitaba cambiarme de ropa y cambiar el chip. El Tricas que había entrado en Tolosa era muy negativo. La noche me había consumido y hacia falta un Tricas nuevo. Los pies me los noté muy arrugados debido a llevarlos tantas horas mojados pero no le dí más importancia. Me puse camiseta y calcetines nuevos, comí algo de pasta y seguí mi camino.

Oí a unos corredores decir que el siguiente tramo era muy sencillo. Para llevarles la contraria, a mi se me hizo muy duro, no por lo técnico sino por el sueño. Se ve que después de comer me entró la "modorra" como decimos en Aragón. Me iba durmiendo mientras andaba. Quería parar pero estaba lloviendo y no había ningún sitio donde resguardarme. Tiré de geles y barritas energéticas pero ni con esas. Yo creo que el punto de inflexión fue cuando en un momento dado, al fondo vi a mi tía Bego sentada en un muro. Pestañee y era una rama...que se parecía a ella. ¿Me podéis explicar como una rama se puede parecer a alguien? Yo tampoco lo se. Este suceso me hizo despertar de golpe.

Antes de llegar a Amezketa (98km) empecé a notar dolor en la planta del pie. Creí que serían ampollas así que seguí pero el dolor iba a más. Paré para descalzarme. Al ver el pie me asuste mucho. En mitad de la planta tenía una raja de unos 5 centímetros y varias pequeñas alrededor. No me había pasado nunca. Decidí ir andando hasta el siguiente avituallamiento con la idea de abandonar.

En Amezketa me estaban esperando unos amigos que nos habían venido a seguir durante toda la carrera. Entre ellos estaba Hector, gran experto en estas batallas, y me dijo que esas heridas eran normales, provocadas por la humedad y que ni se me ocurriera abandonar.


Con Hector, en Amezketa

Fui a la Cruz Roja y me dijeron que se me había cocido el pie por llevarlo tantas horas mojados. Afortunadamente la herida aún no era muy profunda. Me pusieron betadine, dejaron que se me secará el pie, luego vaselina y calcetín seco. No me quedaba más remedio que continuar pero mi mentalidad ganadora había cambiado completamente. Lo que me vino muy bien es que justo en ese momento llegaron mis compañeros Medina, Jotse y Alfonso. Estaban bastante tocados también pero por lo menos tenía amigos con los que afrontar el siguiente tramo.

Tramo que no es otro que la subida al Txindokiko, 1170 desnivel positivo en 7 kilómetros. El ritmo que llevabamos no era muy rápido debido a nuestras dolencias así que Victor, que estaba muy fuerte, decidió tirar para adelante. En ese momento nos quedamos 3, aunque realmente no sumábamos ni 1. Nuestros pasos eran cansinos, con la mirada agachada parecíamos pecadores buscando la penitencia. 

Realmente no se hacia cima, una vez que llegabas a las inmediaciones, empezabas a bordear la montaña. A esas alturas el viento era fortísimo, me costaba mantener el equilibrio. Me puse la chaqueta y empecé a incrementar el ritmo, pensando en ir lo más rápido posible para que se acabara cuanto antes el sufrimiento. Sin querer, dejé a mis compañeros atrás y me junte con Natxo, otro corredor que tenía los mismos problemas en los pies que yo. 

Una vez que coronamos, incomprensiblemente nos quedaba lo más duro. En la bajada sufríamos mucho. No podíamos pisar debido al dolor. Es super frustrante ver que vas más lento en las bajadas que en las subidas. Mientras descendíamos, como si de un oasis se tratara, vimos una caseta de la Cruz Roja. Paramos para que nos revisarán los neumáticos. Casualidad, estaba el mismo sanitario que me curó en Amezketa. Habían empeorado las heridas, me las volvió a limpiar y esta vez me las cubrió con vendas y gasas para mejorar la amortiguación. Pero ya me avisó que no tenía buena pinta y aún me quedaban muchos kilómetros. 

Así llegamos al avituallamiento de Lizarrusti (118 km) cruzando antes un sendero que me pareció la parte más bonita de la carrera. Parece que mi mente quería quedarse con un último bonito recuerdo. Al llegar a la localidad, tanto Natxo como un servidor decidimos tirar la toalla. Los voluntarios nos cortaron la pulsera con el chip y en ese mismo momento finalizó nuestra participación en este CARRERÓN. 

Mi primer abandono. Fue una decisión muy difícil de tomar. Aguante 20 kilómetros más después de la primera cura esperando un milagro que no llegó. Me quedaban 60 aún por delante y los hubiera tenido que hacer andando y poniendo en peligro mis pies. Daban lluvias para las siguientes horas y seguir podía parecer una temeridad. 

En ese momento me pareció una buena idea. 2 días después, empiezas a darle vueltas a la cabeza. ¿Y si hubiera seguido hasta Etxegarate donde estaba la bolsa de vida, descansar y hacer tiempo a que se curaran los pies? ¿Y si hubiera seguido andando, tenía tiempo suficiente aunque me hubiese costado 15 horas? Me frustra no poder ser FINISHER. Una carrera que la llevas preparando todo el año. Es el gran reto sobre el que gira toda la temporada. Llega el día y estás pletórico, vas como un tiro. Las piernas y el pecho funcionan perfectamente. La cabeza aguanta bien y el estomago, mi máximo rival, no ha dado problema alguno en 24 horas y que te tengas que retirar por algo ajeno, que no puedes controlar, JODE y mucho.


Con Gorka, dándole fuerzas en Mutiloa ¡Ya no te queda nada!

Seguramente, cuando pasen los días, vea la parte positiva y me quede con la experiencia vivida. Aprender de todo para así afrontar con más garantías la edición de 2018. No quiero acabar sin antes dar las gracias a todo aquel que me ha apoyado, he recibido muchas muestras de cariño. ¡GRACIAS!

Con respecto a la organización. Decir que ha sido impecable. Sin lugar a dudas, la mejor que me he encontrado. Es una carrera espectacular llevada a cabo por un sinfín de voluntarios, sanitarios de la Cruz Roja, aficionados con los que solo me puedo quitar el sombrero. A los que hay que sumar los amigos de Zaragoza que vinieron a seguirnos en carrera y se pegaron un palizón para animarnos durante tantas horas, lo vuestro también tiene mucho merito.

Y felicitar a todos los que consiguieron acabar la carrera en especial a mi compañero Gorka, todo un ejemplo de superación. Luchó hasta la extenuación para conseguir su objetivo, todo un ejemplo a seguir. A los que no pudimos finalizar, nos vemos el año que viene. Hemos perdido la batalla, pero no la guerra.


!Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 24:08:21
Kilómetro del abandono: 118

Participantes: 384
Finisher: 214

                                          BANDA SONORA DE LA CARRERA