martes, 11 de julio de 2017

EHUNMILAK (168 km 11000 D+)

Todo empezó a principios de este año. Unos cuantos amigos nos habíamos apuntado al "Ultra Trail Mont Blanc" (171 km 10000 D+)  pero la mala fortuna nos acompañó, no salimos elegidos en el sorteo. La planificación del año se había desquebrajado así que había que volver a darle forma. La manera más sencilla era tirar de refranero español: un clavo saca otro clavo. Así que acabamos inscribiéndonos al "Ultra Trail Ehunmilak" (168 km 11000 D+).

Como ya podéis imaginar, una carrera de estas características lleva una preparación brutal. Por mi parte, en el tema de los entrenamientos estaba muy satisfecho, metiendo muchas horas y tiradas largas, aunque bien es cierto que había podido hacer más desnivel. El tema que me preocupaba eran mis problemas de estomago. De ahí que recurriera a una nutricionista y los resultados estaban siendo espectaculares.

Por todas estas razones, llegaba a la carrera lleno de confianza y con la sensación de haber echo los deberes. ¿Miedo? Si, mucho. ¿Respeto? Todo el del mundo pero con la sensación de que estaba preparado para afrontar y completar esta hazaña.

La carrera tiene su principio y final en la localidad guipuzcoana de Beasáin. Llegué el viernes por la mañana y ya se respiraba en sus calles ambiente festivo. Todo muy bien organizado, desde la señalización para llegar al aparcamiento habilitado para los participantes, la zona de recogida de dorsales y la abundante comida pre-carrera. ¡Esto pinta muy bien!

En la meta nos plantamos Gorka, compañero de ANDANDAEH, Paul, Pinilla, Jotse, Victor y Medina de Trail Running Zaragoza, Patxi de Corredores del Ebro y un servidor. La temperatura era muy alta pero nos esperaban predicciones de alerta amarilla en lluvias. En tantas horas de carrera teníamos que estar mentalizados para enfrentarnos a cualquier situación.


Instantes antes de la salida

La salida que se llevaba a cabo a las 18:00 fue rapidísima. Parecía que era una 10k. Toda la gente salió muy fuerte y yo seguí la estela de Victor, Jotse y Medina que corrían en la modalidad de equipos. Los primeros kilómetros en continua subida los hicimos corriendo hasta entrar ya en el sendero que nos dirigía hacia el monte. Aquí la gente empezó a andar y menos mal. El primer sofocón y el calor provocaba que estuviera sudando la gota gorda. Imprescindible la hidratación en esta zona.

Poco a poco y sin quererlo me fui distanciando de mis compañeros. Mis piernas funcionaban a la perfección y no iba a ser yo el que les dijera que pararan. Mientras duraron las horas de sol todo fue perfecto. Los avituallamientos estaban ubicados cada 10 kilómetros aproximadamente. En el tercero de ellos (Gorlako Gaina) se nos echó la noche encima. Tocaba ponerse el frontal, nos quedaban por delante 8 horas de oscuridad y la lluvia aún por aparecer.

En cuanto la noche se cerró y nos adentramos en los bosques la niebla hizo acto de presencia. Con la humedad que provocaba, hacia casi imposible la visibilidad. La luz del foco aún lo dificultaba más. No se veía más allá de 2 metros. Era muy difícil correr, tenías que estar muy atento al suelo para no tropezar pero a la vez mirar al frente en busca de las balizas, cualquier despiste podía provocar la caída o perderte. Para rematar la situación, ahí estaba ella, apareciendo cuando menos lo deseas: la lluvia. Me enfundé el chubasquero y a seguir con la odisea.

Fue una noche realmente bizarra. Constantemente me preguntaba si de verdad la gente ajena a estas carreras (Pensaba en familiares y amigos) es capaz de imaginarse por lo que pasamos. Yo creo que no. Ni explicándolo con el más mínimo detalle, es imposible hacerse una idea.

El momento más surrealista que viví fue bien adentrada la noche. Llevaba ya muchas horas en solitario cuando escuche un ruido, me giré y en la lejanía me estaban observando 2 ojos amarillos fijamente. Al momento otro ruido y.....por los menos 12 ojos me acechaban, únicamente se veía eso. Lo primero que pensé fue ¡LOBOS! ¡Voy a morir! y salí corriendo ladera abajo. Al minuto me topé con una valla y al otro lado había vacas durmiendo. Iluso de mi. Esto es el resultado de falta de sueño, soledad y mucha imaginación.

Lo que si quiero resaltar es la generosidad del pueblo vasco. Aquí hay una afición por el trail-running incomparable con el resto de comunidades. En mitad de la noche y bajo la lluvia te podías encontrar aficionados en cualquier lado. Desde familias a la puerta de su caserío ofreciéndote refrescos y flan casero hasta cuadrillas de amigos en una borda amenizando tu esfuerzo con música revitalizadora.

Una de las partes más complicadas de la carrera es la bajada a Azpeitia. Se lleva a cabo por una vieja calzada romana. La lluvia, el barro que se había formado y las resbaladizas rocas hacían muy difícil la progresión. Por momentos me sentía Pepe Viyuela, estaba más en el suelo que de pie. Muestra de ello, mis manos que llegaron al avituallamiento completamente marrones. Eso si, mis caídas fueron más cómicas que peligrosas. No tuvo esa suerte mi compañero Paul, que se hizo un esguince de tobillo y tuvo que retirarse. ¡Ánimo amigo! Ya tienes un nuevo reto para 2018.

A la salida de Azpeitia hay una subida importante. Lo ideal es alimentarse bien porque se hace larga la subida. Recuerda ir comiendo cada media hora y beber cada 15 minutos aunque no tengas sed, así aguantarás mucho mejor. Aunque sea de noche y no te apetezca tanto, no descuides este apartado, es fundamental.

En Tolosa (77 km) estaba la bolsa de vida. La bajada a esta localidad no es tan técnica. Lo que si tienes que saber es que una vez entras en el pueblo, tienes que cruzarlo completamente. Tendrás que hacer 2 kilómetros por sus calles. Te aviso para que no desesperes.

Llegué después de pasadas 13 horas. Había planificado una hora menos pero las condiciones nocturnas me habían retrasado. Lo primero que hice fue ir directo a la ducha. Necesitaba cambiarme de ropa y cambiar el chip. El Tricas que había entrado en Tolosa era muy negativo. La noche me había consumido y hacia falta un Tricas nuevo. Los pies me los noté muy arrugados debido a llevarlos tantas horas mojados pero no le dí más importancia. Me puse camiseta y calcetines nuevos, comí algo de pasta y seguí mi camino.

Oí a unos corredores decir que el siguiente tramo era muy sencillo. Para llevarles la contraria, a mi se me hizo muy duro, no por lo técnico sino por el sueño. Se ve que después de comer me entró la "modorra" como decimos en Aragón. Me iba durmiendo mientras andaba. Quería parar pero estaba lloviendo y no había ningún sitio donde resguardarme. Tiré de geles y barritas energéticas pero ni con esas. Yo creo que el punto de inflexión fue cuando en un momento dado, al fondo vi a mi tía Bego sentada en un muro. Pestañee y era una rama...que se parecía a ella. ¿Me podéis explicar como una rama se puede parecer a alguien? Yo tampoco lo se. Este suceso me hizo despertar de golpe.

Antes de llegar a Amezketa (98km) empecé a notar dolor en la planta del pie. Creí que serían ampollas así que seguí pero el dolor iba a más. Paré para descalzarme. Al ver el pie me asuste mucho. En mitad de la planta tenía una raja de unos 5 centímetros y varias pequeñas alrededor. No me había pasado nunca. Decidí ir andando hasta el siguiente avituallamiento con la idea de abandonar.

En Amezketa me estaban esperando unos amigos que nos habían venido a seguir durante toda la carrera. Entre ellos estaba Hector, gran experto en estas batallas, y me dijo que esas heridas eran normales, provocadas por la humedad y que ni se me ocurriera abandonar.


Con Hector, en Amezketa

Fui a la Cruz Roja y me dijeron que se me había cocido el pie por llevarlo tantas horas mojados. Afortunadamente la herida aún no era muy profunda. Me pusieron betadine, dejaron que se me secará el pie, luego vaselina y calcetín seco. No me quedaba más remedio que continuar pero mi mentalidad ganadora había cambiado completamente. Lo que me vino muy bien es que justo en ese momento llegaron mis compañeros Medina, Jotse y Alfonso. Estaban bastante tocados también pero por lo menos tenía amigos con los que afrontar el siguiente tramo.

Tramo que no es otro que la subida al Txindokiko, 1170 desnivel positivo en 7 kilómetros. El ritmo que llevabamos no era muy rápido debido a nuestras dolencias así que Victor, que estaba muy fuerte, decidió tirar para adelante. En ese momento nos quedamos 3, aunque realmente no sumábamos ni 1. Nuestros pasos eran cansinos, con la mirada agachada parecíamos pecadores buscando la penitencia. 

Realmente no se hacia cima, una vez que llegabas a las inmediaciones, empezabas a bordear la montaña. A esas alturas el viento era fortísimo, me costaba mantener el equilibrio. Me puse la chaqueta y empecé a incrementar el ritmo, pensando en ir lo más rápido posible para que se acabara cuanto antes el sufrimiento. Sin querer, dejé a mis compañeros atrás y me junte con Natxo, otro corredor que tenía los mismos problemas en los pies que yo. 

Una vez que coronamos, incomprensiblemente nos quedaba lo más duro. En la bajada sufríamos mucho. No podíamos pisar debido al dolor. Es super frustrante ver que vas más lento en las bajadas que en las subidas. Mientras descendíamos, como si de un oasis se tratara, vimos una caseta de la Cruz Roja. Paramos para que nos revisarán los neumáticos. Casualidad, estaba el mismo sanitario que me curó en Amezketa. Habían empeorado las heridas, me las volvió a limpiar y esta vez me las cubrió con vendas y gasas para mejorar la amortiguación. Pero ya me avisó que no tenía buena pinta y aún me quedaban muchos kilómetros. 

Así llegamos al avituallamiento de Lizarrusti (118 km) cruzando antes un sendero que me pareció la parte más bonita de la carrera. Parece que mi mente quería quedarse con un último bonito recuerdo. Al llegar a la localidad, tanto Natxo como un servidor decidimos tirar la toalla. Los voluntarios nos cortaron la pulsera con el chip y en ese mismo momento finalizó nuestra participación en este CARRERÓN. 

Mi primer abandono. Fue una decisión muy difícil de tomar. Aguante 20 kilómetros más después de la primera cura esperando un milagro que no llegó. Me quedaban 60 aún por delante y los hubiera tenido que hacer andando y poniendo en peligro mis pies. Daban lluvias para las siguientes horas y seguir podía parecer una temeridad. 

En ese momento me pareció una buena idea. 2 días después, empiezas a darle vueltas a la cabeza. ¿Y si hubiera seguido hasta Etxegarate donde estaba la bolsa de vida, descansar y hacer tiempo a que se curaran los pies? ¿Y si hubiera seguido andando, tenía tiempo suficiente aunque me hubiese costado 15 horas? Me frustra no poder ser FINISHER. Una carrera que la llevas preparando todo el año. Es el gran reto sobre el que gira toda la temporada. Llega el día y estás pletórico, vas como un tiro. Las piernas y el pecho funcionan perfectamente. La cabeza aguanta bien y el estomago, mi máximo rival, no ha dado problema alguno en 24 horas y que te tengas que retirar por algo ajeno, que no puedes controlar, JODE y mucho.


Con Gorka, dándole fuerzas en Mutiloa ¡Ya no te queda nada!

Seguramente, cuando pasen los días, vea la parte positiva y me quede con la experiencia vivida. Aprender de todo para así afrontar con más garantías la edición de 2018. No quiero acabar sin antes dar las gracias a todo aquel que me ha apoyado, he recibido muchas muestras de cariño. ¡GRACIAS!

Con respecto a la organización. Decir que ha sido impecable. Sin lugar a dudas, la mejor que me he encontrado. Es una carrera espectacular llevada a cabo por un sinfín de voluntarios, sanitarios de la Cruz Roja, aficionados con los que solo me puedo quitar el sombrero. A los que hay que sumar los amigos de Zaragoza que vinieron a seguirnos en carrera y se pegaron un palizón para animarnos durante tantas horas, lo vuestro también tiene mucho merito.

Y felicitar a todos los que consiguieron acabar la carrera en especial a mi compañero Gorka, todo un ejemplo de superación. Luchó hasta la extenuación para conseguir su objetivo, todo un ejemplo a seguir. A los que no pudimos finalizar, nos vemos el año que viene. Hemos perdido la batalla, pero no la guerra.


!Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 24:08:21
Kilómetro del abandono: 118

Participantes: 384
Finisher: 214

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jueves, 6 de julio de 2017

XXXVI SUBIDA A RODANAS (16 km 350 D+)

Una vez acabada la "I Trail Las Vales Maria de Huerva" y recoger muy orgulloso el trofeo de 2º clasificado de mi categoría, me fui pitando al trabajo. Entraba a trabajar a las 23:00 y con el retraso de la entrega de premios no me dio tiempo ni a pasar por casa. Con el chándal y la mochila llena de ropa sucia me disponía a afrontar el turno de noches de la forma más relajada posible. Justo a la salida me esperaba otra carrera: "XXXVI Subida a Rodanas".

Según pasaban las horas, la idea de volver a correr me parecía más incoherente. ¡Con lo bien que haría en irme a la cama! ¡Tricas, porque lo has vuelto a hacer! - me repetía constantemente. Pero no había marcha atrás. Había engañado a mi compañero Javi de ANDANDAEH para ir juntos a la carrera. Me iba a pasar a buscar a las 7:30. Para seros sinceros, si hubiera estado solo yo, hubiera echo una "pirola" en toda regla.

Así que nada, sin casi tiempo para rehacer la mochila, ya estaba en el coche montado rumbo a otra competición. Esta se llevaba a cabo en la localidad de Épila. El recorrido consistía en unir esta localidad con el Santuario de Rodanas, ubicado a 16 kilómetros en una leve y constante subida.

Estuvo lloviendo durante buena parte del trayecto. Algo que agradecí. Durante toda la semana habíamos estados inmersos en una ola de calor y ésto era un pequeño oasis. Según nos acercábamos, el cielo se iba clareando. Salvo por la falta de sueño, todo lo demás estaba saliendo a pedir de boca. Llegamos a Épila y casi si enterarnos ya estábamos dispuestos en la linea de salida.


Los instantes previos
Es una carrera muy familiar, estábamos solo 66 participantes y la mayoría del grupo "EpilaCorre". Entre ellos me encontré a Alberto. Coincidimos en el "XI Maratón de Zaragoza", hicimos los últimos 10 km juntos después de escaparnos de la liebre de 3 horas. Fue una alegría verle ya que tengo un grato recuerdo de ese momento.

La salida al ser tan pocos fue bastante curiosa. En seguida nos pusimos un grupo en cabeza formado por 5 personas, entre ellos los dos de ANDANDAEH, haciendo que predominara el color azul. Los primeros 10 kilómetros eran por asfalto en una zona bastante llana y de largas rectas. Me hacia mucha gracia porque teníamos en frente al coche de la organización marcando el camino. Me sentía Kipchoge en el circuito de Monza.

Mi compañero Javi, que en esto del asfalto es un experto, se puso en cabeza a liderar la carrera (Hay que aprovechar estos momentos, no nos vemos en una así en la vida). En nuestro grupo iba Rachid Damoun, el gran favorito y ganador de varias ediciones anteriores. Javi le quiso probar con varias arrancadas pero no se despegaba de él. Lo que si consiguió es que los demás nos descolgáramos. Llevaban ritmos por debajo de 4 min/km y quedaba la ascensión final.


Fotos de "Epilacorre"
Yo me junté con Alberto y empezamos a llevar un ritmo constante para intentar darles caza, llevando yo siempre el peso de la carrera. Sobre el kilómetro 8, Javi empezó a aflojar el ritmo. Su estrategia era romper la carrera para intentar asegurarse el podio en veteranos. ¡Y madre mía si lo consiguió! En esas primeras arrancadas nos dejó a todos temblando. Yo creo que hasta al propio Rachid le entro miedo.

A partir del 10, nos metíamos en caminos con pequeños toboganes pero sin mucho desnivel. Yo creía que íbamos a encontrarnos una gran cuesta pero por suerte no fue así. En este punto, la situación de carrera estaba bastante clara. Por delante iba Rachid con bastante ventaja, luego en tierra de nadie Alberto y un servidor y ya más descolgado mi compañero Javi. Las distancias eran insalvables salvo hecatombe.

En el segundo avituallamiento vi que las piernas empezaban a pesar. Mi gran idea de correr-trabajar-correr estaba empezando a pasar factura. Se me empezaba a escapar Alberto así que tocaba aguantar. El tercer puesto no se me podía escapar. Al final, tras una curva y un pequeño repecho se divisaba la meta. Miré hacia atrás, no veía rastro de corredor, bajé el ritmo y me deje llevar. Era la primera vez que cruzaba la meta acabando entre los 3 primeros de la general y había que saborearlo.


Fotos de "Epilacorre"
Al final, nos obsequiaron con un pequeño almuerzo el cual no pude degustar. Me empezaron unos dolores de tripa horribles. Aún así saqué mi mejor sonrisa para recibir la medalla. Después de esto, los dolores iban a más, incluso teniendo que vomitar. El cuerpo es sano, meterle el tute que le he dado no puede ser bueno (Sobretodo por lo de trabajar...) Pero mi vida esta llena de excesos y así soy feliz.

Al final lo que empezó siendo un fin de semana un poco frustrante por tener que borrarme del "Gran Trail de Sobrarbe", ha acabado de la mejor manera posible. De la forma más inimaginable. Haciendo 2 podios consecutivos y con una inyección de moral gigante para afrontar el verano. Se que han sido 2 carreras pequeñas, con poca participación. ¡Pero que me quiten lo bailado! Hay que estar ahí también para alcanzar esas cotas. No hay que quitarle merito aunque yo mismo me empeñe en hacerlo.

Mientras escribo estas palabras, me estoy haciendo la maleta para Ehunmilak (168 km 11000 D+) que se celebra en pocas horas. La suerte esta echada. Tengo los nervios a flor de piel pero con la seguridad de haber echo los deberes. Soy muy consciente de que es un gran desafío, no tiene porque salir bien pero voy a poner todo mi empeño y sacrificio en cruzar esa ansiada meta. Espero que mi crónica del lunes tenga un final feliz.

!Va por ti PRIMO! 


Tiempo: 01:03:55
Clasificación general: 3

Participantes: 59

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lunes, 26 de junio de 2017

Trail Las Vales María de Huerva (18 km 350 D+)

Este fin de semana estaba un poco alicaído porque a pesar de todos mis intentos por cambiar turnos de trabajo, no lo había conseguido. Por consiguiente, había tenido que anular mi inscripción en el "Gran Trail Sobrarbe" que tanta ilusión me hacia. Así que tuve que ojear el calendario y dar con una carrera compatible con mi querido turno de noches. Al rebuscar por Internet, se me encendió la bombilla: Haré mi propia Ultra casera (O más bien una especie de duathlon fusión). Participaría en el "Trail Las Vales María de Huerva" el sábado por la noche, iría directo a trabajar mis 8 horitas y al salir, rumbo a Épila para correr la "XXXVI Subida a Rodanas".

¿Es una buena idea? La respuesta es NO pero mi cabezonería aragonesa es inamovible. Hice mis cálculos y me dije, hacer la Ultra de Sobrarbe me llevaría 11 horas y si sumo estas 2 pequeñas carreras más el turno de trabajo sale exactamente lo mismo. Me pareció un plan redondo sin ningún tipo de "lagunilla" y me inscribí sin pestañear.

El "Trail Las Vales María de Huerva" es un recorrido de 18 kilómetros sobre un perfil sin mucha dificultad y se lleva a cabo a las 8 de la tarde. La localidad está a 20 minutos de Zaragoza por lo que me daba tiempo a correr y llegar a trabajar a las 11. Además, la organizan los amigos de Fartleck Sport. No podía decir que no.

Cuando llega verano, el número de carreras se multiplica por lo que la cantidad de corredores en cada una de ellas disminuye. En la carrera que nos atañe, había 2 modalidades (18 y 9 km) y el número de participantes en la distancia larga era 60. Esto provoca pros y contras. Por un lado siempre hace ilusión verte en puestos delanteros, para amateurs como yo, es una sensación que pocas veces podemos saborear. En cambio, también provoca que no haya tantos corredores de tu mismo nivel y te dejes llevar por ritmos que no son los tuyos, con un resultado casi siempre negativo.


Fotos de "Rafa Cored"
Esto último es lo que me pasó una vez que se dio el pistoletazo de salida. En cualquier carrera, sea multitudinaria o familiar, siempre hay presentes unos cuantos galgos. En cuanto empieza la prueba, tu que eres más bien un "cocker", intentas seguir la estela de los primeros cegado por el ímpetu inicial. Su zancada es estilosa, la definición de la tuya sería curiosa. Los primeros metros y cuestas los aguantas bien. Al fin y al cabo, también eres un perro, rápido y resistente. Pero pasados los 10 primeros minutos te das cuenta de que esa raza no es la tuya. Intentas buscar otros "cocker" con los que jugar pero el sofocón inicial ya no te lo quita nadie.

Así me encontraba yo, después de intentar seguir al que iba en tercera posición en los primeros compases de carrera, al salir a un camino donde nos daba un fuerte viento de cara, volví a la realidad de golpe. Había ido demasiado rápido al principio y esas primeras ráfagas golpeándome me lo confirmaron. Bajas el ritmo, pero el daño ya está hecho. Otra vez volví a caer en la trampa. Había aprendido a salir con cabeza, dosificando fuerzas y así lo había llevado a cabo en citas anteriores. Pero ya se sabe que el hombre es el único animal que tropieza 2 veces en la misma piedra. Yo le he debido coger un cariño a esa piedra que no veas.

Además el perfil de la carrera no era como yo me lo había imaginado. Todos sabemos que el típico gráfico que sale, parece más duro de lo que es. No es que esté mal, es que no lo sabemos interpretar creo yo. En mi caso, pensaba que sería un terreno semi-montañoso con un fuerte repecho a mitad de carrera. La realidad era bien distinta. se trataba de 8 kilómetros de ida por un camino más bien recto, llegar al punto más alto del recorrido y de vuelta a María de Huerva. 

A esto hay que sumarle el factor viento que os he comentado antes. Los 8 km iniciales fueron un infierno. El viento te daba de cara con mucha fuerza y tu solo divisabas en el horizonte el largo camino que te quedaba aún. Mi mente solo pensaba: ¿Pero que coño hago aquí? ¡Menudo sofocón para luego ir a trabajar! Definitivamente, mi cuerpo esta preparado para hacer las carreras de empalmada y no antes. En el kilómetro 10 estaba el avituallamiento. Ahí se daba la vuelta y volvíamos para la meta. Tocaba aguantar que luego ya sería todo más liviano.


Fotos de "Rafa Cored"
Efectivamente, la lógica era aplastante, lo que en la ida había sido pelear contra un muro, en la vuelta se había convertido en un coche sin frenos. Me puse a ritmos por debajo de 4 minutos el kilómetro. Divisando a lo lejos los compañeros que me predecían, me los ponía como próximos objetivos. Pude enlazar con dos y el tercero se me quedó muy cerquita. Pero no había tiempo para más, crucé la meta en séptima posición.

Al final de la carrera nos esperaban unas deliciosas migas para reponer energías. El problema es que el tiempo se me echaba encima. Después de ducharme eran las 10 de la noche, a una hora de entrar a trabajar. Pero aún no me podía mover.....tenía que subir al PODIO.

Fartleck Sport, a la hora de generar las clasificaciones finales, lo hacen muy bien. Los premios no son acumulativos, por lo que si llegas en séptima posición, es posible que consigas algún trofeo. Así las medallas se reparten y tienes a más corredores contentos. Eso mismo me pasó en la "10k de Alcañiz", lo malo es que aquí no me di cuenta y me perdí mi propia entrega de medallas.

Esta vez no me iba a pasar lo mismo. No me movía de ahí ni loco, aunque llegará tarde al curro. Pocas son las oportunidades que corredores como yo tienen la posibilidad de subirse al cajón. Quietecito, esperé oír mi nombre por megafonía: - Y el segundo clasificado en categoría absoluta es....¡Jorge Tricas! -. Con lo malo que era escuchar mi nombre en el colegio y lo bien que me suena hoy en día. Estos pequeños momentos son los que dan chispa a la vida. 

Y así, lleno de alegría, me dirijo al curro con mi trofeo debajo del brazo. Me quedan 8 horas de "descanso activo" y vuelta al ruedo. Un tercio del reto ya está conseguido

!Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 01:26:41
Clasificación general: 7

Participantes: 60

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miércoles, 14 de junio de 2017

XI Montes de Vitoria ( 62 km 2848 D+)

No se que tienen los parajes del País Vasco que enganchan. La frondosidad y espectacularidad de sus bosques, hacen que las carreras que se celebran ahí tengan un aura especial. Por esa misma razón, cuando me tentaron para apuntarme a los "Montes de Vitoria", no lo dudé ni un momento.

Es una carrera de 62 kilómetros que recorren 13 montes cercanos a la capital vitoriana. No son cima muy altas (El mayor es el Kapildui con 1176 metros) pero al ser tan seguidos entre si, hacen de ella una prueba muy exigente, con 5816 metros de desnivel acumulado.

Nos apuntamos a esta aventura 4 compañeros de ANDANDAEH: Quique, el instigador de todo esto, Marcos, Oscar y un servidor. Tengo que recalcar que las inscripciones vuelan el mismo día de su apertura. Yo tuve suerte, estaba en la lista de espera pero al final conseguí dorsal. Si quieres participar en la siguiente edición, acuérdate de estar muy atento a las fechas de inscripción.

La carrera empieza en la localidad de Jauregi a las 6 de la mañana. Para llegar allí, la organización pone unos autobuses gratuitos desde el aparcamiento de Mendizorroza que salen 40 minutos antes. Lo peor que llevo en estas carreras es el día previo. Las buenas pautas serían cenar a las 8 de la tarde y echarte a dormir relativamente pronto pero la realidad es diferente. Al fin y al cabo, estas pasando un fin de semana fuera de casa con tus amigos. Esto provoca terraceo con cervezas, cena tardía y pesada, preparación rápida de la mochila y acostarte a media noche. Conclusión: 4 horas de sueño y mal dormidas.


Los Azulillos antes de empezar

El día amanecía con una temperatura inmejorable pero presagiando un futuro próximo  muy caluroso. Aprovechemos las horas de tregua. La salida es nocturna pero con la luna llena que nos acompaña, no es necesario usar el frontal. Es curiosa la gran diferencia con la "Trans Montesblancos Trail", carrera que participé apenas hace 6 días y ésta. El fin de semana anterior estuvo marcado por tormentas e intensas precipitaciones y hoy nos íbamos a derretir de calor. La carrera anterior, a los 500 metros ya me encontraba solo, en Vitoria, hasta el kilómetro 10 íbamos en estricta fila india. Cada carrera es un mundo, ahí está el encanto de este deporte.

Mirando clasificaciones de otros años, me había planteado hacer 9 horas. Junto a mi nutricionista habíamos planeado unas pautas alimenticias para intentar evitar los problemas intestinales de anteriores carreras. Durante una semana he estado tomando "arkoprobiotics", un medicamento para regular el funcionamiento estomacal. He llevado a cabo una dieta especifica los 2 días anteriores y durante la carrera llevaba un planning de ingesta de hidratos de carbono. Antes, en los avituallamientos me ponía ciego y entre horas no comía nada. Ahora la táctica era comer algo cada media hora durante toda la carrera. ¿Funcionará? En breves lo descubriremos.

Nada más empezar, nos encontramos con un acompañante al que detesto bastante: el barro. Había estado lloviendo los días anteriores y gran parte del recorrido estaba impracticable. Tenías que tener mucho cuidado en cada paso, en cualquier momento te podías ir al suelo. Con lo patoso que soy yo, con mis 2 caídas me doy un aprobado.


Fotos de Victor Luis de Pedro

Poco a poco el firme iba mejorando y mi seguridad aumentando. Me sentía muy bien de piernas y las pautas de alimentación estaban funcionando. Para este tipo de carreras me he comprado una mochila "Grivel 5l mountain running light" que ha sido todo un acierto. Es super cómoda, se amolda perfectamente al cuerpo. Parece que no llevas nada y además tiene un precio bastante ajustado. Mi nutricionista me recomendó llevar dos bidones, uno con agua y otro con isotónico e ir bebiendo pequeños tragos cada 10/15 minutos (A parte de las pastillas de sales). Esta parte la descuidaba mucho anteriormente. La verdad es que he notado una mejoría notable.

A las 4 horas de carrera me tomé un gel. Aquí volvieron a reaparecer mis problemas de estomago. Durante una hora lo pasé bastante mal, teniendo que parar 2 veces para adoptar la postura del "caganer" entre la vegetación. Lo achaqué al gel, seguiremos investigando a que se debe. En cuanto lo solucione, por fin podré disfrutar del trailrunning al 100%.

En el primer avituallamiento llevaba casi una hora de adelanto con la previsión y un voluntario me dijo que iba en el puesto 61. I CAN'T BELIEVE IT! Menuda alegría. En esta carrera, los primeros 150 clasificados consiguen plaza fija en la "Hiru Haundiak" de 2018. Prueba mítica del País Vasco en la cual, es muy díficil entrar. Estudiando otros años, según mi previsión era imposible entrar en esos primeros puestos pero después de la gran noticia, mi confianza estaba por las nubes. Ni el gel más fuerte del mercado me hubiera dado más energía.

Así fueron pasando los kilómetros, luchando contra el astro rey pero con la motivación como escudo para superar las adversidades. La segunda parte de la carrera la vegetación cambia. Los montes no son tan frondosos, eso sumado al calor, hace que las ascensiones se endurezcan. Especial mención a la subida a Arrieta, se me hizo eterna. No obstante, el salir más conservador al principio estaba provocando que fuera adelantando a bastantes corredores, exhaustos por el esfuerzo inicial.

Miraba el reloj y al ver los buenos parciales que llevaba, aún apretaba más. En el kilómetro 56 estaba el último avituallamiento. Hasta el final solo quedaba descender. El último tramo lo hice como si no hubiera un mañana. Cuanto antes llegara, menos calor iba a pasar y así hasta cruzar la meta. La speaker me dijo que había llegado en el puesto 34. Yo creo que me vio tan emocionado que me entrevistó y todo. ¡A saber que le diría, ni me acuerdo!

Estoy en un estado de forma increible. Me da mucha confianza para afrontar el gran reto del año: "Ehunmilak 168 km 11000 D+". Estoy literalmente cagado pero los últimos resultados conseguidos me generan más tranquilidad. Ahora empieza también mi temporada de festivales y fiestas patronales. Espero que no me perjudiquen mucho. Al fin y al cabo, es otro tipo de Ultra. Entrenamiento cruzado lo llamo yo.

Dar la enhorabuena a todos mis compañeros de ANDANDAEH que acabaron también mejorando sus pronósticos. Felicitar también a Jesús, lo conocí en "Penyagolosa Trail" y por lo que parece, va a ser un compañero habitual en estas locuras. Y alabar también a todos aquellos valientes que dieron la cara (y la nuca) y lucharon contra el tremendo calor.

Los Montes de Vitoria es una carrera que me ha encantado. Sin duda volveré. El País Vasco tiene una magia especial y cada vez que voy, los reafirmo. Se lo recomiendo a todo el mundo. Si te apasiona el trailrunning, ya sabes donde hacer tu próxima carrera.


!Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 07:19:08
Clasificación general: 34

Participantes: 945

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martes, 6 de junio de 2017

Trans Montesblancos Trail (32 km 1200 D+)

Se acerca el verano y con ello, el aumento de las carreras de montaña en el calendario. Este fin de semana tan solo en Aragón y alrededores teníamos 4 opciones diferentes a elegir:


Esto quiere decir que el "trail running" esta en auge pero realmente la oferta es mayor que la demanda. No hay gente suficiente para abarcar todo, lo demuestra la baja participación en ellas e incluso la suspensión de la modalidad larga de la "Pataliebre".

Por mi parte, estaba en un gran dilema, querría hacer las 4 pero tenía que elegir. El problema es que tenía que trabajar a las 3 de la tarde en Zaragoza. Hice todas las probabilidades matemáticas posibles juntando las variables de la previsión de mi tiempo en las carreras y la ruta más rápida para llegar a mi destino según Google Maps. Al final, aunque era mi última opción porque ya la he corrido 2 veces, me inscribí en la TMT debido a su cercanía. Como anécdota, decir que solo me sobraron 2 minutos para llegar a tiempo al trabajo.


Fotos de Chema Biela
Meteorológicamente, el día anterior estuvo lloviendo todo el tiempo. Por más que miraras diferentes web, la previsión para la hora de la carrera era la misma: TORMENTA y el icono del rayo predominaba entre todos los demás. A la mañana siguiente, la típica frase: - ¡El chico del tiempo siempre falla! - hubo que cambiarla por: - ¡Joder, para una vez que acierta y tiene que ser hoy!. Solo el trayecto de 10 minutos entre mi casa y el lugar donde había quedado con los "Beers Runners" para ir al pueblo, hizo que me calara de arriba a abajo. Así nos vamos poniendo en ambiente.

El recorrido son 32 kilómetros sin ninguna subida demasiado pronunciada pero es un continuo cresteo que no te deja relajarte en ningún momento. En otras ediciones, el principal enemigo era el calor. Se hacía a las 4 de la tarde. Este año empezaba a las 8:30, además, el sol se quedó en la cama toda la mañana. Con la lluvia el panorama cambiaba por completo así que se podía decir que estaba ante una carrera nueva.

Llegó la hora de empezar. Los participantes nos resistíamos a acercarnos a la linea de salida, esperando que si nos hacíamos los remolones, la cuenta atrás no comenzaría. Evidentemente, eso no ocurrió y en mitad del diluvio salimos 70 valientes en busca del valle encantado. La baja participación hizo que me colocara en los puestos delanteros. Rápidamente se formaron grandes huecos entre unos y otros. Hoy no era día de ver muchos pelotones.


Fotos de Alberto Telmo
Al paso por la ermita, el gran Hector Franco me comunicó que iba noveno. No se si sería porque el nivel no era muy alto o si habría salido demasiado rápido. A lo lejos se veía a los 2 corredores que me predecían. Aunque la distancia era larga, me lo puse como objetivo. Nunca me había visto en una situación así, verme tan arriba en la clasificación, así que tenía que poner toda la carne en el asador. Lo peor que podía pasar era quedar como siempre.

Fueron pasando los minutos y enlacé con el octavo, seguidamente alcancé al séptimo. Aquí se acabó mis "mini objetivos". En el horizonte solo se divisaba el vacío y un cielo muy negro pero sin rastro de corredores. Ahora tocaba defender mi posición.

En ese momento empezó la parte más dura de la carrera, un largo tramo de barrancos. La lluvia y el barro acumulado la convertían en una zona muy peligrosa. Si a eso le añadimos mi nula capacidad en zonas técnicas, hizo que a las primeras de cambio, mis huesos acabaran de bruces contra el suelo. No hay mejor manera de romper el hielo, a partir de ahí, más precaución amigo conductor. Lo malo es que Lorenzo Mirallas me adelantó, que se movía en los barrancos como pez en el agua. Yo en cambio, estaba más fuerte en las subidas y falsos llanos. Eso provocó que nos fuéramos haciendo la goma durante muchos kilómetros. Sin quererlo, encontré un gran compañero.

Y entre duna y duna, acabamos viendo un oasis. A lo lejos divisamos un corredor. ¡No nos lo podíamos creer!. Encontramos un nuevo estimulo. Acabada la larga zona de barrancos, ésta dio paso a un tramo muy rápido de pista. Unidas estas dos variantes, provocó que pusiera el modo "velocidad de crucero". Apenas quedarían 8 kilómetros y era hora de echar el resto.

Sobrepasé al corredor. ¡Ya era sexto! y lo mejor de todo es que el siguiente estaba a "tiro de piedra". Me sabe mal decirlo, pero vi que se paraba por problemas musculares. Eso me dio alas. Le adelanté, no sin antes, preocuparme por él y desearle suerte. Solo quedaban 4 kilómetros y quien sabe, igual otro compañero pinchaba también y podía colarme entre los 3 primeros.

No sonó la flauta, llegué a meta en poco más de 3 horas y con un 5º puesto bajo el brazo. No me lo puedo creer. Ni en los mejores sueños me podía esperar acabar en una posición así. Soy consciente de que el nivel no era alto. Es posible que las condiciones meteorológicas hicieran que más de uno se quedaran en su casa y que había muchas carreras a la vez pero eso no debe quitarle merito a lo conseguido. Estoy más feliz que una perdiz y eso no me lo arrebata nadie.


Fotos de Tere
Este año me estoy tomando los entrenamientos más en serio. El aumento de kilómetros es considerable con respecto a otros años y eso en el resultado final se nota. Además, debido al respeto y miedo que tengo a mi participación en la "Ehunmilak", desde hace 2 meses estoy con una nutricionista. Era consciente de que es un apartado importante de todo deportista pero mis hábitos eran muy malos. Comía muy pocas veces al día y me permitía demasiada comida basura con la excusa de: - Que más da si lo voy a quemar -.

En estos dos meses he notado un cambio físico considerable pero lo que no me imaginaba es que se iba a notar tanto en la mejora de resultados deportivos o quizás solo sea coincidencia. Al final va a resultar que es cierto eso de que la alimentación es el 50% de la preparación. No obstante, los verdaderos resultados los empezaré a notar este sábado en "Los Montes de Vitoria".

No quería acabar sin antes dar la enhorabuena a la organización y voluntarios de la TMT. En condiciones tan desfavorables es aún más admirable sacar un evento adelante y de forma tan impecable.  Habéis estado de 10 como siempre, compañeros.

!Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 03:05:33
Clasificación general: 5

Participantes: 66

                                 BANDA SONORA DE LA CARRERA











viernes, 26 de mayo de 2017

Camino de Santiago Corriendo

Etapa 5: El Burgo Ranero - León (37 km)

Amanece el último día de mi aventura. Me da mucha pena que se acabe. Siento mucha envidia al ver a peregrinos que siguen su camino hasta Santiago de Compostela mientras el mio se dirige hacia la estación de tren. Ya es la tercera vez que me veo en esta tesitura. Si mis sensaciones son increíbles completando solo 5 días, no me quiero imaginar las que se producen si haces el Camino entero.

Hay que resignarse en hacerlo por fasciculados, seamos realistas, para muchas personas es imposible conseguir tantos días libres en sus trabajos y yo soy uno de ellos. Ayer, cuando le contaba mis penas a un compañero de viaje, me decía: - Es lo bueno de estar jubilado, yo no tengo ese problema -. ¡Espero conseguirlo antes!

Sobre esta etapa hay poco que contar. La mañana empezaba a contrarreloj. El tren de vuelta a mi casa salía a las 13:10 desde León y tenía 37 kilómetros por delante. Decidí madrugar más que otros días por miedo a que no me diera tiempo pero Morfeo no estaba por la labor de librarse de mi tan fácilmente.

la "soledad" del peregrino

Desayuné en el Restaurante "Piedras Blancas". ¡Mi último desayuno del Camino! Eran las 7 de la mañana y las mismas camareras que me habían dado las buenas noches el día anterior, ya estaban ahí. Lo suyo si tiene merito. Menos mal que los albergues tienen toque de queda y nos hacen irnos pronto a dormir sino, no se cuando descansarían los hosteleros.

Al igual que el día anterior, el recorrido discurre por un caminito paralelo a la carretera nacional. Tener cuidado con vuestras reservas de agua. El próximo pueblo, Reliegos, está a 13 kilómetros y antes no tienes fuentes. El primer gran pueblo es Mansilla de las Mulas donde podrás hacer una parada para comprar todo lo que desees. En mi caso, voy mal de tiempo y sigo mi camino.

En Puente de Villariente, al ver que voy ganando la carrera al tiempo, decido parar a comprar fruta y un refresco. No obstante, sigo sin descansar. Prefiero llegar lo antes posible a León y ahí relajarme. Para mas inri, la parte final tiene un poco más de dificultad con alguna cuesta un poco "puñetera".

Reliegos y su enigmáticos carteles

Al final, consigo llegar a mi destino a las 11:30. El esfuerzo ha merecido la pena. Con la calma que me da la hora, consigo tranquilizarme y acudo al albergue más próximo para ver si me dejan ducharme. El más cercano es el del Monasterio de las Benedictinas. Hay mucha gente esperando entrar pero consigo hablar con un voluntario y muy amablemente me indica una ducha para que pueda hacer uso de ella. Bien aseado ya puedo afrontar la vuelta más a gusto.

La sorpresa me la llevo al ver a Miriam y su madre. Habían cogido un autobús desde Sahagún, poniendo también punto y final a su aventura. Me cuenta que había quedado con los músicos de Requena para pasar la tarde juntos. ¡La envidia vuelve a hacer acto de presencia y ahora más fuerte!

Puente de Villariente

Antes de ir hacia la estación aún me daba tiempo a tomar un vermuth en un local que me había recomendado mi hermana. Bar "El Rebote" y su riquísima croqueta de pizza pero parece que este viaje estoy negado con las sugerencias gastronómicas. Estaba cerrado, como ya me pasó en Castrojeriz, me voy con "mi antojo en un pozo".

Al salir a la calle principal, la cantidad de gente que había me produjo un agobio considerable. Había pasado de estar durante 5 días con la calma por bandera y ahora me veía envuelto en una algarabía constante. Es una sensación que ataca a todo peregrino una vez acaba su Camino.

Que se le va a hacer, todo tiene su final. El mio ha llegado pero espero que se reanude lo antes posible. Ha sido un placer conocer lugares nuevos y personas de las que me llevo un grato recuerdo. Espero que os haya gustado. ¡BUEN CAMINO Y NOS VEMOS PRONTO!

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jueves, 25 de mayo de 2017

Camino de Santiago Corriendo

Etapa 4: Calzadilla de la Cueza - El Burgo Ranero (39 km)

El sonido ambiental que nos acompañó durante toda la noche a ritmo de truenos y relámpagos, no auguraba nada bueno. Cuando me levanté, lo primero que hice fue asomarme a la ventana, efectivamente, había amanecido un "día de perros".

Mientras preparaba la mochila, me debatía entre esperar a que dejara de llover o ingeniármelas para no mojarme demasiado. Intente demorar la salida lo máximo posible pero el cielo seguía más negro que el tizón. Entonces decidí volver a mi infancia, a Carnavales en el colegio, cuando daba igual de que era la temática del disfraz, pero siempre acababas embutido en una bolsa de basura gigante. Ayudado por esa inspiración, me fabriqué un poncho de lo más glamuroso y empecé la etapa.  


Lo importante, DISFRUTAR

La primera media hora estuvo lloviendo intensamente, después fue amainando pero se quedó una mañana fría y nublada. Después de la juerga del día anterior, me fui encontrando a todas las personas que conocí. Una pareja de vascos de lo más simpáticos. Miriam y su madre que habían usado el Camino como reencuentro. Un señor francés lleno de tatuajes que le fascinaba que fuera corriendo. Uno de los "musigrinos" y su perra. Toda una amalgama de personas e historias personales que dan magia al peregrinaje y es una de las causas que hacen que esta experiencia sea adictiva. Siempre quieres volver.

En el kilómetro 23 llegas a la bonita población de Sahagún donde establezco la parada para reponer energías. Tienes todos los servicios posibles, tanto si quieres tomar algo, sacar dinero o ir a un supermercado. Yo opto por lo tercero, me aprovisiono de cerveza, plátanos, frutos secos y me siento al sol en modo fotosíntesis, aprovechando que acaba de salir por primera vez en toda la mañana.

Cuando sales de esta localidad aún quedan 16 kilómetros hasta el Burgo Ranero hay que tomárselo con calma y disfrutar del recorrido, el cual, transcurre casi en su totalidad por un caminito paralelo a la carretera nacional. Mucha gente opta por ir andando sobre el asfalto. Siempre con precaución, elige el que más te guste.


"Marciano" arco al llegar a Bercianos

Al llegar al pueblo, la sensación es extraña. Está formado por calles muy anchas franqueadas por casas pequeñas, algunas de ellas de adobe. Me da la sensación de estar en el Oeste, solo falta cruzarme con una barrilla, el típico matorral rodante. Busco el Albergue Municipal. Está llevado por voluntarios y el precio, como su propio nombre indica, es la voluntad, en mi caso 5 euros. Curiosamente, es el único que me he encontrado hasta ahora con cocina propia. Está construido por fuera de adobe y su interior es de madera. Si te hospedas aquí, que sepas que tu banda sonora va a estar formado por el crujir constante de este material.


A la hora de comer, como prometí a mi nutricionista, esta vez opté por un menú en el Restaurante Piedras Blancas. Se agradece comer así de vez en cuando, con su buen plato de garbanzos, ternera y vino de la tierra.

El Burgo Ranero es una localidad pequeña que cuenta con 4 bares. Visito todos ellos acordándome de mi madre, nació también en un pueblo de apenas 500 habitantes y siempre me dice que hay que dar de ganar a todos. Muy equitativa ella.


Con los grandes "Gypsi y los Gatos Rumberos"

En la cafetería El Camino me junté con los "musigrinos" de Requena. Ya estaban dándole a la guitarra, atrapando con su ritmo a 3 italianos y un cubano. Diana, la propietaria del establecimiento nos regaló un collar echo por un artesano que simboliza las amistades que surgen en el Camino. 

La tarde acabó en el bar "La costa del Adobe", local que ya me habían recomendado por su mezcla de tradición y modernidad. Muy buena comida y mejor compañía. Siempre me pasa lo mismo, cuando ya empiezo a mimetizarme con el Camino, me tengo que ir. Mañana es el último día, intentaré exprimirlo lo máximo posible.

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miércoles, 24 de mayo de 2017

Camino de Santiago Corriendo

Etapa 3: Fromista - Calzadilla de la Cueza (36 km)

Tercer día. Esta noche ha ido mejor. El miedo a caerme se ha disipado y he podido "dormir", además, no fue tan fría como la anterior. Todo evoluciona favorablemente salvo mis ojeras.

Dejo el agradable albergue, no sin antes, comerme un bocadillo de pavo con tomate que se me antojó el día anterior. El cafecito de rigor y a las 8:30 emprendo el camino. Cada etapa es 2 kilómetros más larga, en principio no parece mucho, pero como dice el refrán: "no joden pero atormentan".

El día sale muy soleado, decido vestir en ropa de tirantes aunque las predicciones a lo largo de la mañana no eran muy favorables.


Carrión de los Condes

La etapa está dividida en 2 partes. 18 kilómetros hasta llegar a Carrión de los Condes y el resto, una interminable recta en medio de la nada. La primera parte es muy fea porque vas paralelo a la carretera nacional aunque tienes la distracción de ir atravesando alguna población.

Al llegar a Carrión de los Condes compro provisiones ya que en Internet pone que el lugar donde me hospedo no tiene tiendas. Mi compra no puede ser muy grande, la mochila tiene una capacidad limitada, por lo que me tengo que conformar con 2 latas de atún, manzanas y plátanos. Menuda alimentación espartana estoy llevando. ¡Si me viera mi nutricionista!¡Patricia, mañana prometo rascarme el bolsillo y comer de menú!

El primero de los plátanos me lo como ahí mismo junto a unos frutos secos, mentalizándome de lo que me espera. Ahora tienes que afrontar 17 kilómetros en una interminable recta en la que no encontrarás ninguna población. Tampoco tienes fuentes de agua en el camino, las que hay están deshabilitadas, así que tenlo en cuenta y rellena bien tus botellas.


La fatídica recta

Antes de llegar al ecuador de la etapa, el cielo ya había avisado con un anticipo de lo que iba a suceder con unas cuantas gotas sueltas. El acto principal estaba por llegar. El cielo se puso encapotado, el viento empezó a asomar. Yo que soy muy precavido, me puse el chubasquero y a 3 kilómetros de meta, apareció con rabia la lluvia. Menos mal que ya se divisaba a lo lejos la picota de la iglesia de Calzadilla de la Cueza.


Entré directamente al Albergue Municipal a ponerme a refugio (5 euros). Es un lugar muy nuevo, con camas espaciosas y mantas en cada una de ellas. El ritual de siempre lo tuve que modificar a causa de la falta de sol. Cambié el lavado a mano por el de maquina junto al secado (6 euros).

En el momento de la cervecita, empezó a llover intensamente. Dentro del bar nos juntamos con un grupo de mujeres españolas y unas chicas argentinas que se estaban preparando para ir al siguiente pueblo, Lédigos, a 6 kilómetros. El poncho del peregrino es fundamental en tu mochila, nunca sabes cuando y donde te va a sorprender la tormenta. Algo que he aprendido este viaje porque yo era uno de los despistados que no llevaba nada para protegerme.


Las botas son un constante durante todo el Camino

La tarde resultó de lo más amena. Mientras estaba leyendo, oí unos sonidos de guitarra, me asomé a la ventana y en la terraza había un numeroso grupo de personas animando el ambiente. La agradable sorpresa estaba formada por unos chicos de Requena de lo más originales. Iban en bicicleta pero llevaban un carro con todos los instrumentos, incluso uno de ellos también llevaba a su perra Kira en otro carro. A esta fiesta se unió Miriam con su ukelele. Para poner la guinda al pastel, su estilo musical parece que estaba preparado para mi. Las horas fueron pasando a ritmo de Los Delincuentes, Estopa y Manu Chao. Para todo aquel que quiera indagar, tienen un grupo, se llaman "Gypsi y los Gatos Rumberos", muy buenos músicos y mejores personas.

El Camino de Santiago está bien, cuando te encuentras personas como ellos, entonces pasa a ser INOLVIDABLE. Es curioso que la etapa más fea en todo el Camino Francés haya concluido con uno de los mejores momentos vividos hasta ahora.

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